Si alguien te dice que ha estado en Trinidad y Durazno, lo más probable es que pienses en islas exóticas o en una grave falta de sueño. En realidad, se trata de ciudades uruguayas que no significan nada para la gente común, pero, por alguna razón, en ese rincón tan provincial se pueden encontrar llamas y capibaras.
No hay nada especial en estos pequeños pueblos de provincia: la gente simplemente lleva una vida tranquila. Dimos una vuelta por ahí, disfrutamos de su ambiente tranquilo y regresamos. De regreso, paramos a cenar en Florida (¡sin visa!), ya que también es un pequeño pueblo de provincia.
El segundo día, pasamos por Atlantida, fuimos en auto a Punta del Este (el centro turístico local en todo su esplendor) y nos quedamos completamente absortos en el parque de esculturas y el Museo Atchugarry. Para los amantes de la arquitectura futurista y el arte conceptual, esta es una visita obligada.
Reflexiones finales: Las carreteras son excelentes y conducir por ellas es un placer. Conducir rápido también es un placer, pero sale un poco más caro. Exceder el límite de velocidad en más de 20 km/h me costó unos 350 dólares.
Por supuesto, no estaría bien publicar algo así sin muchas fotos y videos; aquí les dejo un enlace al álbum photos.app.goo.gl/nEDr4nvUz45Wryn47




